Manuel Chao Blog

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Marketing Online para tod@s

Tyler Durden y el verdadero espíritu de una empresa

“You’re not your job. You’re not how much money you have in the bank. You’re not the car you drive. You’re not the contents of your wallet. You’re not your fucking khakis. You’re the all-singing, all-dancing crap of the world.”

Esta es una de las más extraordinarias frases que alguna vez escuché en una película.

Fight Club es vista por muchos como una producción que puso en escena un libro relativamente antisistema; sin embargo, la comprensión profunda de la película y del libro se acerca más al trasfondo deseable de toda corporación o empresa de lo que estarían dispuestas a admitir tanto unas (las corporaciones) como otros (los Tyler Durdens).

Cuál es el objetivo de trabajar? Teóricamente es la recepción de la recompensa esperada por la labor desarrollada, en el espacio de tiempo que se tiene previsto, para la posterior adquisición de bienes y/o servicios que satisfagan necesidades eventuales o inminentes.

Ahora bien, en la cultura empresarial de las dos últimas décadas, se deja de lado el objetivo principal, que es la satisfacción de las necesidades.

Con horarios laborales interminables o exigencias fuera de orden y procedimientos adecuados (y, por qué no, desagradables), se consigue alejar más a los trabajadores de la empresa; la empresa comienza a ser un ente succionador del tiempo destinado al crecimiento personal, al ocio o a cualquier cosa que le salga al trabajador del forro de los kintekis, en vez de ser la proveedora de recompensas a la que gustosamente debemos satisfacer para satisfacernos.

Se ha perdido de vista la relación de pajas mutuas, tan necesarias entre empresas y empleados, pasando a una dominación por necesidad de las unas sobre las otras. Sin embargo, gracias a Dios, no todas las empresas son así.

Afortunadamente, cada vez más empresas en Europa, EEUU, Japón y Latam, se dan cuenta de este fenómeno y de la máxima “un empleado feliz es más productivo”. explotan esta máxima, aumentando el grado de satisfacción del trabajador, quien a su vez desarrolla un vínculo de “deuda” con la empresa que tam bien satisfecho lo tiene, por lo que busca, a su vez, satifacer a la empresa de la mejor forma posible.

Sin embargo, este fenómeno en los países PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España, por sus siglas en inglés), viene desarrollándose a pasos de tortuga.

Es hora de despertar como empresarios y darse cuenta que sin trabajadores contentos se obtienen malos resultados. Es cierto el dicho que con la miel se atraen más moscas que con el vinagre y que un trabajador quemado, símplemente no es productivo.

Al final, obviamente, las abejas sin la miel no son nada, pero la colmena sin abejas contentas, no crece…

Otra frase: “Worker bees can leave; even drones can fly away… The queen is their slave…” Por lo que la mutua satisfacción es importante!

Un Mundo Mejor

¿Cuántas veces nos quejamos de qe vivimos en un mundo de mierda? Y, ¿´cuántas veces hacemos algo por cambiarlo?

El ser humano es, probablemente, uno de los seres más mezquinos que habite en la faz de la Tierra. A diferencia de los animales, cuya “mezquindad” es completamente irracional, la del humano es sopesada y meditada; en el mejor de los casos es inconsciente.

Sin embargo, el ser humano es capaz de desarrollar un sentimiendo de empatía con sus similares. Generalmente ese sentimiento se orienta a personas de su clan, lo que llegamos a llamar “afecto”, “cariño” o “amor”. Pero, otras veces, esa empatía se vuelca hacia personas externas a nuestro círculo. A veces el ser humano reacciona con solidaridad.

La mayoría de las veces, cuando escuchamos hablar del Islam, tendemos a asociarlo con actos terroristas o con mujeres maltratadas. Pero casi nadie se recuerda de que uno de los pilares del Islam es la limosna (en este caso, me dirá más de uno que el Catolicismo tiene el “ama a tu prójimo como a tí mismo”, sin embargo, el mandato del Islam es más directo: AYUDA AL OTRO).

Venir de un país con una ecomonía inflacionaria te hace sentirte menos apegado al dinero; a fin de cuentas, el dinero en un país así “no vale nada”. Ello hace que suela darse limosna de forma relativamente habitual.

Sin embargo, en Europa, el dinero vale. Vale hasta el último céntimo y hasta el último céntimo regateamos, cuidamos y gastamos en nosotros mismos o en nuestro círculo. Y le pasamos por encima al mendigo que pide, al niño que vende clínex o a la señora que tiene hambre y pide.

Realmente, nos quejamos de que el mundo es una mierda, pero ¿qué pasaría si un día, en vez de pasarle al lado a la señora, le preguntas si tiene hambre y la llevas a comerse un pincho de tortilla y una caña?. Ese día, esa señora habrá tenido una ingesta calórica de unas 550 calorías que no suele tener y, lo más importante, se habrá sentido bien. Así sea por un mísero minuto, se habrá sentido bien. ¿qué cuesta hacer eso? ¿3 €?

Ciertamente, muchas personas en Europa hacen caridad: Apadrinan a un niño llamado Mlundu, que vive en el Congo Belga y que, gracias a sus donaciones, recibe diariamente una ración de harina de pescado con avena para su sustento y, además, puede ir con el recibo de ello, una vez al año, a darse golpes de pecho ante el funcionario de la declaración de la renta; porque esa caridad desgrava… (Por favor, no se sientan audidos los padrinos que lo hacen de corazón y no se dan golpes de pecho ya que, gracias a ellos, muchos Mlundus pueden vivir; lo que critico es la filantropía rentable, no la filantropía en sí misma).

¿Cuántos de nosotros nos interesamos un poquito y de vez en cuando, por hacer que un extraño en necesidad se sienta mejor? ¿Cómo sería el mundo si, habitualmente, le comprásemos un par de bollos a los niños que piden en la calle, un bocata a la señora o, por qué no, una botella al viejo que se emborracha para no recordar que es viejo, que está solo en el mundo y, encima, en la puta calle, con frío, después de haber sido joven y no haber pensado que podría terminar así?

Se imaginan que todos hiciésemos eso, por una persona distinta, solamente una vez a la semana. Con el necesitado de turno, el que vemos casi todos los días.

Sería definitivamente un mundo mejor.

PD: Mi abuela paterna (gallega ella y, además por lo que recuerdo, súmamente dura, pero entrañable conmigo) a los 5 años me llevó a darle limosna a un mendigo en Mondoñedo. En aquel entonces le tenía pánico a los mendigos. Sin embargo, me arrastró hasta él y me hizo darle 20 Pesetas. Luego, se agachó a mi altura y, recuerdo que me dijo que nunca le negara limosna a nadie. Años después, mi padre me dijo que ella solía darle a cuántos le pedían y que decía “nunca niegues limosna al pobre que de puerta en puerta llama; él habrá de enseñarte el camino que habrás de seguir mañana”. Probablemente fue eso lo que me dijo.